María Pagés recuerda perfectamente el día en que decidió poner en pie «Utopía»: «Fue el 31 de enero de 2010. Era domingo, y el último día de apertura de la exposición dedicada a la obra de Óscar Niemeyer en la Fundación Telefónica». La bailaora y coreógrafa sevillana descubrió ese día un universo creativo que inspiró este trabajo, que tras ver la luz el 8 de octubre en el Centro Niemeyer de Avilés —fue, de hecho, el último espectáculo presentado en él—, llegará el jueves al escenario del Teatro Español, donde permanecerá hasta el 30 de diciembre. Cuenta con música original de Rubén Lebaniegos y Fred Martins.
«Nunca me había planteado —explica María Pagés— crear una obra sobre arquitectura, que en principio parece un arte estático, alejado del movimiento de la danza. Pero cuando vi la obra de Niemeyer, esa arquitectura austera, popular, que no pierde nunca sin embargo el sentido de la sorpresa, sentí curiosidad por conocer a su autor. Viajé a Brasil y tuve una entrevista con él el 20 de marzo en su estudio de Río de Janeiro». Se confiesa la artista sevillana impresionada por el arquitecto centenario: «En Japón hablan de “tesoros humanos” para referirse a este tipo de personajes. Niemeyer es sin duda un tesoro humano. Me emocioné con él, con el mundo de su creatividad, con el sentido poético de sus proyectos, y allí me convencí de la necesidad de crear este trabajo».
Obras como «El perro andaluz, Burlerías», «Flamenco Republic», «Canciones antes de una guerra» o «Autorretrato» han consagrado a María Pagés como una de las más interesantes y profundas creadoras de la danza española actual. Abrazada a las raíces del flamenco, ha sido sin embargo una de las más atrevidas y desprejuiciadas renovadoras del baile. «Utopía» —entendida como «buen lugar», el significado literal etimolótico de la palabra— es, asegura, «un paso natural dentro de mi trayectoria. No me gustan los grandes saltos, soy más de subir escalones poco a poco».
Poemas de Larbi el Harti, Neruda, Benedetti, Machado y Baudelaire son la letra de «Utopía». Son textos, asegura, que ayudan a completar el mensaje de simplicidad y naturalidad que quiere ofrecer. «Con Niemeyer comparto el gusto por Machado, me hizo ilusión saber que también era uno de sus poetas preferidos». Al poema «Elevación», de «Las flores del mal», de Baudelaire, le ha puesto ritmo de alegrías; Benedetti suena por seguiriya, y el texto de Neruda se ha convertido en la «Soleá del Exilio». También hay fragmentos del «Quijote» y letras del propio Niemeyer, que María Pagés baila por tangos.
Procesos creativos
¿Qué tienen en común la arquitectura y la danza? «Es la obra de Niemeyer la que las une. En su trabajo hay un proceso creativo muy similar al mío. Parte del dibujo, del trazo, y nosotros bailamos a partir de un trazo imaginario. Sus bocetos muestran la planta desde arriba, y yo también hago el dibujo coreográfico desde el mismo lugar. Tanto él como yo tomamos esos trazos como punto de partida para nuestras creaciones». Así, la arquitectura, ha descubierto María Pagés, «es algo vivo, que te transmite movimiento, es casi como un escenario».
«Utopía» viaja, dice María Pagés, a la simplicidad, a la esencialidad. La escenografía —que ha ideado ella misma, al igual que el vestuario— sigue esa idea. «Tenía claro que quería algo sencillo, huir de la voluminosidad. Y encontré la idea en esos trazos simples y elementales del propio Niemeyer. También la puesta en escena está marcada por la sobriedad, por la discreción... Por primera vez bailo un número descalza, porque sentía que así había que hacerlo».
Antonio Gades, uno de los referentes de María Pagés, citaba siempre a su maestra Pilar López con una frase que repetía a unos y otros: «Hay que aprender la ética del baile antes que la estética». La bailaora sevillana siente la necesidad de reivindicar esta prioridad. «Además de la crisis económica, el mundo vive una crisis ética; se han perdido muchos de los valores que hacían que el ser humano avanzara. Y mis trabajos nacen de la necesidad de hacer algo, de no permanecer al margen. Los artistas no podemos pasar ni ignorar esa situación. Y pretendo que mi trabajo trascienda, que sea útil a la sociedad que me alimenta, que no sea bailar por bailar. El flamenco posee todos los matices que hacen falta para transmitir los mensajes que quiero expresar».
Baile social
Pero el arte, su belleza, se le dice, ya es útil de por sí. «Es cierto, pero yo siempre busco más. Por mi manera de ser, trato de que mi danza sea útil desde un punto de vista social. En las giras, por ejemplo, intento ir hasta aquellos que no pueden permitirse pagar una entrada para ver mis espectáculos. Me quiero acercar a ellos. En Mozambique, por ejemplo, hicimos distintas actividades en la sede de su Ballet Nacional; era una manera de compartir nuestra experiencia y vivir con ellos. En la India hicimos talleres con escolares, y en Guadalajara, México, actuamos en una plaza pública; era una condición para hacerlo también en el teatro.
«Óscar Niemeyer me recordó —concluye María— que en la humanidad no hay jerarquías, que todos estamos en una misma y única dimensión. Óscar me recordó que en esta igualdad reverdece la esperanza de poder cambiar el mundo. Porque todos reímos y lloramos. Y todos nacemos y morimos».
Fuente:http://www.abc.es
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