El Centro Comercial Los Cobres de Vitacura, diseñado por el arquitecto Jaime Bendersky, y fue construido el año 1977, época en la cual se comenzaron a crear en Santiago los primeros Centros Comerciales. Esta obra presenta un modelo inédito: 6 pabellones octogonales en torno a un gran espacio central: una plaza hundida, que ocupa la mitad de la superficie del terreno.
Planta
Su espacialidad se planteó como una forma de aumentar el perímetro comercial mediante los módulos que están suspendidos para crear dos niveles comerciales. En su centro, se encuentra la cancha de patinaje, que, junto con la multiplicidad de recorridos y la presencia de los cines al fondo, le han dado una vitalidad y una vigencia poco usuales en nuestro medio.
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El concepto se planteó como una búsqueda de visibilidad total para los consumidores, condición que se exacerba por la presencia de un programa activador (la cancha de patinaje), una mayor apertura urbana y una espacialidad variada y novedosa.
© Usuario de Flickr: ongdebuenafe
“…Nos planteamos el problema en el sentido de crear un lugar de encuentro. El terreno es muy amplio, son tres predios, en consecuencia nos permitía crear un gran espacio exterior conformado por estos “palafitos” y un cuerpo de remate. Un espacio exterior donde hubieran muchas vivencias, no solamente actividad comercial. Se da un repertorio muy grande en esa “plaza” con los juegos infantiles, los paseos, las terrazas, los estares, las confiterías, las heladerías, todo lo que atrae a la “lolería”… Pero sin el automóvil y la locomoción que en un momento dado cortan el espacio. Creamos un gran espacio donde el peatón tranquilamente puede deambular en un recorrido muy extenso y variado, alrededor de estos volúmenes de doce lados, todos unidos, aun con el nivel inferior, permitiendo estas variables…” ( Bendersky, Jaime: “Diálogo: Centros de Intercambio”).
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Los pabellones, basados en la simulación de “platillos voladores” atraen inmediatamente la atención del público. Elevados del suelo aprovechando el cambio de nivel respecto a la calle, y con circulaciones perimetrales vinculadas entre sí tangencialmente, y que son coronadas por unas cubiertas de cobre chileno.
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Finalmente, al fondo del conjunto, se encuentra un volumen más regular que contiene tres niveles de locales menores y dos salas de cine (actualmente ocupadas por el Centro Cultural Amanda).
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Este modelo no tiene nada que ver con la tradición de galerías comerciales del centro de Santiago, ni con los “patios”, ni con los “caracoles”, ni con los “mall”. Siendo definitivamente un referente artístico, social, cultural y económico de la década.
Fuente:http://www.plataformaarquitectura.cl/





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