martes, 20 de marzo de 2012

El edificio de 1925, obra de los arquitectos Rubio y Mosteiro, atesora su propia historia

En el número 9 de la calle Avenida de la Paz se levanta, desde el año 1925, el edificio de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja. Obra de los arquitectos Rubio y Mosteiro, su imagen aúna a la perfección arquitectura y artes decorativas. Vidrieras, forja y cerámicas aportan al conjunto un acabado singular y colorista.
image
En sus pasillos se conservan los últimos restos de una importantísima gipsoteca, procedente del Museo de Reproducciones: 53 esculturas y relieves cuyos moldes fueron realizados en su día a partir de las obras originales.
Recientemente, la Escuela celebró la inauguración de su nueva Biblioteca, ubicada en el interior de una de sus torres. El poyecto arquitectónico está firmado por Javier Dulín y la decoración mural corre a cargo de Javier de Blas. Un lugar para disfrutar.
También fue cárcel
Pero en la historia del edificio hay también un apartado de triste recuerdo: Su uso como cárcel durante la Guerra Civil. Aunque no quedan ya testigos directos de ese hecho, Manolo Sáinz conoce bien ese episodio a través de sus largas conversaciones con el escultor Vicente Ochoa, profesor de la entonces Escuela de Arte durante casi treinta años. «Me hablaba de los mensajes que encontraron escritos durante unas obras de acondicionamiento de los sótanos, que ahora albergan los talleres de las distintas especialidades poco después. Él vio escritas en la pared frases en la que los detenidos que iban a ser fusilados se despedían de sus familias, amigos&hellip» Todavía hoy se puede ver una lápida en la entrada de la Escuela que recuerda aquel hecho, «uno de los paréntesis oscuros de la historia de este centro, a la vez que profundamente contradictorio. La Escuela de Arte representaba, y representa, la expresión libre de la creatividad, y resulta paradójico que tuviera que aceptar ese destino fatal». Manuel Sáinz todavía recuerda el calambre de emoción que le producía escuchar ese relato de su compañero, «aunque yo no llegué a ver esas inscripciones». Una historia quizás más vinculada al edificio que a la Escuela como tal, pero no podemos negar que el continente también posee, en cierto modo, su propia alma.
Fuente:http://www.elcorreo.com

No hay comentarios: