jueves, 21 de junio de 2012

Los arquitectos cierran el balcón

La fisionomía urbana de Cádiz es más singular si cabe cuando sus calles se otean con cierta perspectiva. Sus cierros la hacen especial. Dibujan, junto a balcones y cornisas, los perfiles de las fachadas centenarias de las que cuelgan, en un armónico ejercicio constructivo propio de la arquitectura gaditana. Al menos, la que firmaron arquitectos de otros tiempos. Los actuales prefieren obviarlos y trabajan sobre fachadas diáfanas que, como mucho, salpican de balcones. Pero no proyectan ahora estos elementos acristalados que, de alguna manera, invaden el espacio público desde el propio hogar: los cierros.
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Sus autores hablan de otros usos, de otros conceptos, otras corrientes estéticas, de otros recursos económicos, de otra arquitectura, en definitiva, que erradica estos señoriales elementos arquitectónicos de los edificios de nueva planta erigidos en pleno casco histórico. Los arquitectos cierran el balcón y lo intercambian por ventanales y fachadas diáfanas que, por muy bellos ejemplos de la arquitectura actual que sean, nada tienen que ver con los edificios construidos en el XVIII.
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Uno de los barrios referente de esta paulatina pérdida es Santa María, donde en los últimos años se han llevado a cabo numerosas obras de nueva planta. Un paseo por sus calles deja claro la transformación que en este punto sufre la arquitectura gaditana. Las calles Mirador, Público, Teniente Andújar o Desamparados están colmadas de edificios desprovistos no solo de cierros, que quizás nunca abundaron, sino también de balcones. Son edificios construidos por iniciativa pública en su mayoría, muchos de ellos promovidos por la Oficina de Rehabilitación de la Junta de Andalucía o por Procasa, integrados en su entorno, con materiales que evocan la piedra ostionera e insertos en fachadas limpias y de tonos claros, pero carentes de cierros. Otros barrios como la Viña, San Carlos o Mentidero, así como otras calles intercaladas por el centro, también exhiben edificios similares.
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Los arquitectos son muy conscientes de este cambio, lo defienden, rechazan o simplemente lo justifican. Entre los expertos sondeados se encuentra Gumersindo Fernández, que en su día perteneció al departamento de Disciplina Urbanística del Ayuntamiento de Cádiz y quien puntualiza que, aparte de los motivos económicos, pues es más barato construir sin cierro, "reproducir la arquitectura tradicional no está bien visto y no es lo que nos enseñaron en la Escuela de Arquitectura".
Dice este arquitecto que el edificio que el portugués Álvaro Siza proyectó frente a la Cárcel Real fue todo un referente "que marcó un estilo de diseño de fachadas que se ha repetido en nuevas intervenciones".
Se trata de un edificio sin cierros que considera válido en esta zona, pero cuyo modelo se ha extrapolado a las calles del centro histórico. Una tendencia que califica de "error", al considerar que "empobrece la imagen urbana, pues el relieve de elementos como cornisas, balcones y cierros es lo que proporciona la verdadera identidad de la ciudad".
Quizás por este motivo el nuevo PGOU prohibe la demolición de los edificios del casco histórico. También recoge la normativa que el cierro debe ser de madera, lo que sin duda causa la oposición de algunos arquitectos. Es el caso del decano del Colegio de Arquitectos de Cádiz (COAC), Víctor Manuel Gómez, quien apostilla que "las restricciones que marca la normativa son en parte culpables de la pérdida de este elemento que a mí particularmente me gusta".
En su opinión, el uso que se le confiere hoy a estos elementos constructivos es bien distinto al que se otorgaba en el XVIII. "Antes era un lugar de conexión, no había coches y ahora más bien nos protege del exterior. No sirve para nada un cierro de tales dimensiones". Por este motivo estima el decano del COAC que habría que indagar en su actual función y establecer los parámetros del balcón del XXI. "Los arquitectos tenemos el deber de debatir acerca de este tema, es nuestra misión. Lo mismo que debe hacerse a la hora de abordar la normativa".
En esta línea se manifiesta el arquitecto José María Esteban, que hace autocrítica en nombre de la profesión y comenta que "posiblemente nos falte imaginación para diseñar balcones actuales, que permitan el disfrute de los de toda la vida".
Achaca la pérdida de este elemento tan gaditano "a que afean los diseños de la arquitectura moderna. El racionalismo es lo que tiene, todo debe ser parco y sencillo, como si estuviéramos en Finlandia. Pero estamos en Cádiz". Añade que, "posiblemente, los arquitectos que hacen estas arquitecturas no nos hayamos asomado alguna vez al disfrute de un balcón, exclusa del frío y el calor, refugio de miradas sin mirarse".
De la función del pasado habla el investigador Rafael Garófano, quien aclara que tanto el balcón como el cierro, que es más reservado, "era una forma de estar en la calle permaneciendo en casa, sobre todo en una época en que las mujeres pertenecientes a la burguesía salían poco, porque hacerlo suponía excesivo tiempo de preparación. No salían de cualquier modo", asevera. Además, estima, "el cierro o balcón tenía mucho de control de la vida social. Era así, y así ha sido hasta los cincuenta".
Ahora las cosas han cambiado y por este motivo el arquitecto gaditano Juan Jiménez Mata apostilla que el "balcón debe ser incorporado en la nueva arquitectura, con un lenguaje actual que no mimetice sin más las soluciones antiguas".
Pero, ¿cuál es la solución actual? Para Rafael Garófano la arquitectura puede ser moderna y buena "cuando, aparte de responder a los gustos de la cultura actual tiene en cuenta su contexto urbano, el lugar en que se ubique. Si esto no es así y el resultado final es un edificio que lo mismo puede ir en una calle de Cádiz que en Lugo, no es arquitectura buena". Es decir, "si una calle está plasmada de balcones, no se puede meter un edificio con un paredón raso". De hecho, concluye, "puede terminar siendo una arquitectura perjudicial para la ciudad y para la perpetuación del valor patrimonial del casco antiguo como conjunto".
Gumersindo Fernández va más allá y plantea que algunos de los cierros de los que hoy hablamos no forman parte del diseño original del edificio, sino que son añadidos posteriores. "Hay de todo, desde edificios proyectados con cierros, edificios que se rehabilitaron o incorporaron los cierros en el diseño de sus fachadas y hasta la instalación de cierros de manera individual por parte de los propietarios".
Por eso, en las rehabilitaciones de edificios históricos si la finca está catalogada, deben mantenerse sus cierros o sustituirse por otros iguales en madera, "pero si el diseño original no lo tenía y ocultan otros elementos de la fachada -cornisas, frontones y pilastras-, se planteará la batalla para eliminarlos, porque son muy caros", informa.
Son las posturas de los artífices de la nueva arquitectura. En su mayoría apuestan por el mantenimiento del cierro, aunque inserto en una estética actual. En cambio, siguen aflorando los edificios que los olvidan. Construcciones para las que no hacen falta buscar esa encantadora perspectiva que hace única la fisionomía urbana de la ciudad.
Fuente:http://www.diariodecadiz.es/

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